viernes, 3 de enero de 2025

Duda de mí


Me citaste como un día más. 

Nada hacía presagiar la noticia: 

otra vez, la muerte. 


Creí estar preparada, 

pero no era más que mi fe: 

entera, toda, dentro de mí, ardí.


Fui dando pasos torpes, 

tras tu estela cada vez más débil.

Miraste atrás por un momento. Uno.


Comía de la basura 

en los descensos de nuestro camino: 

de mi persecución.


Recordé que una vez dijiste:  

"Si quieres un hombre fiel, destrúyeme. 

Si quieres que me vaya, respétame".


Aspirando aire de cigarrillo, 

llenando los pulmones de veneno. 

Sin saber de ti, solo imagino.


De un empujón caí del cielo.

Sin poder levantarme del suelo 

desenvaino el puñal de mi corazón.


La estrella oculta me guía, 

no es momento de desaparecer. 

La escarcha me mantiene a flote.


Vuelvo a casa, pero ya no está. 

Pongo unos cartones sobre el suelo. 

Trago el elixir seductor del sueño.


Mañana quizás quiera despertarme 

al escuchar tu coz.

domingo, 31 de marzo de 2024

El secreto


¿Cuál es el secreto de la poesía?

Nombrar el pasado y el presente desde el futuro,

un futuro inefable.

miércoles, 20 de marzo de 2024

La cucaracha

 

Una cucaracha negra que se alimenta de carroña,

que corre desesperada a esconderse cuando sale al escenario,

muchos desean oír mi crujir en cuanto me ven,

pero de todos he conseguido burlarme hasta ahora.


Eso soy. Un ser repugnante y abandonado.

Me disfrazo de algo visiblemente soportable

para acercarme a todos aquellos que amo,

los que saben de mis patitas negras

y no giran la cabeza cuando estoy desnuda.


Resistiendo y persistiendo me gano la vida,

escapando de aquellos que quieren mi mal.


Estoy cansada, agotada, no puedo más. 

Paro. 

Descanso por vez primera.

Escucho un crujido sobre mi cabeza.

domingo, 17 de marzo de 2024

La araña

 

Funambulista, me lanzo silenciosamente a tu red.

Me recibes con caricias que arañan suavemente.


A través de tu hilo me guías, yo atravieso las capas, 

Una certeza ingenua: 

esta vez puedo escapar.


¿Volveré a esconder mi corazón en el bolsillo?

Esta vez, no.


No tenemos pasado, no tenemos  futuro. 

Tan vulnerables y reales.


La predecible incertidumbre que pica. 

Una sólida torre que caerá de un soplido.


Aunque todavía siempre estás.

Aunque todavía quiero estar.

sábado, 16 de marzo de 2024

Mi Esqueleto


 La multitud en una calle cualquiera.

Uno a uno, fila y fila, cual hormigas.

Ráfaga musical, rítmica, dispara.

Un bello bermellón resbala. Salpica.


Gritos desesperados de voces blancas,

barítonos, sopranos, tenores, contraltos.

Piedras que tiráis en forma de diamante

al ritmo de la pólvora de un dios degenerado.


¿Qué edad tienes? 0, 5, 13, 70, 20? 

Ellos tienen bombas, tanques, misiles.

sin decir adiós vais muriendo por miles.

Tu hora es ahora, tu día es hoy.


Razón siglo XXI, Los Transilustrados.

No giramos la cabeza, desde las gradas miramos. 

Figuras que gritan, caen y desaparecen. 

La historia no acaba, deforme, palidece.


Vamos a dormir, yo soy buena, mi esqueleto.

A veces me aburro, me arrullo entre tus huesos.

Mañana, otro día, ¿despertaré con el alba?

No lo sé, no lo sabes, ¿Pensaré en ti mañana?


domingo, 10 de marzo de 2024

Odradek

 

Hace tiempo que la luz desapareció, que todo se nubló, y a pesar de haberme escondido en esta habitación no he logrado que la densa niebla deje de salpicarme. Las ojeras que adornan mi rostro pronto crecerán hasta ser incontrolables. ¿En qué me convertiré? ¿De qué se alimentarán cuando mi cara sucumba a su crecimiento? Seguirán creciendo, ¡claro que seguirán creciendo! Mis noches de obligada vigilia se encargarán de ello, pues si dejo que el dulce sueño penetre en mí, es posible que pierda la movilidad para siempre. Al acecho de esta posibilidad está esa masa viscosa que se cuela por las bisagras y juntas de la puerta, sin que sea posible evitar su leve contacto, que me produce estas heridas que, poco a poco pero sin descanso, deshacen mi cuerpo. ¿En qué me convertiré realmente?

Día, noche, noche, día, ¿cuál es la diferencia? No puedo saberlo, las horas pasan sin que pueda ser consciente de cambio alguno. Tiempo, tiempo, tiempo, más tiempo que desaparece por la pequeña ventana de la pared, imperceptiblemente, y en el techo la misma puerta en la que todos y cada uno de los días estoy tentado a llamar. Creo que ha llegado el momento de hacerlo.

Mis ojeras son tan grandes que a penas veo la pequeña escalera de subida a la puerta; son tan grandes que choco contra las paredes del cuarto. Se revientan y litros de sangre caen sobre mi cuerpo. La hinchazón disminuye ligeramente y puedo ver con más nitidez. Las fuerzas también disminuyen, pero tengo la certeza de que no será ahora cuando me abandonen. Subo la escalera. Llamo primero levemente, luego con fuerza. Sé que ha llegado el momento.

La sangre me llega hasta las rodillas, mientras, el tiempo sigue escapándose por la ventana. Yo continúo llamando. Mis nudillos se rompen, pero al fin he obtenido respuesta. Alguien me recibe. Aunque en un principio la luz que despide aquella visión me hace creer que mis ojos han sido cegados por completo, estos pronto se acostumbran. Lo que veo me intimida de tal forma que no soy capaz de articular palabra, pero mi duda se deshace pronto de la parálisis. 

-¿En qué me convertiré?- le pregunto al ser.

-No creo que debas preguntármelo a mí, aunque no puedo negar que conozco la respuesta. De todas formas, esta no es la cuestión importante. Yo te pregunto, ¿tienes idea de lo que está por venir?

Su pálida tez experimenta un cambio repentino; su mirada perdida se clava en mí. Pequeñas bolsas azuladas se dibujan bajo sus ojos y crecen, de forma lenta pero implacable. Su mano se posa en la mía y se funde en mi piel. La masa viscosa... ¿Qué ocurre? La masa viscosa mana de su boca. El ser hace grandes esfuerzos por pronunciar una palabra, pero es inútil; se traduce como un gorjeo que cae sobre su cuerpo y salpica el mío. Observo su desintegración, se empeña en decirme algo que no puede. Sin soportarlo más, cae al charco y se diluye. 

Asustado, trato de escapar; salgo de la habitación atravesando, por fin, la puerta. Esta se cierra y desaparece. Me doy cuenta de mi error y de lo astuto de la jugada: estoy condenado...

El tiempo ha dejado de escapar por la ventana. Soy consciente de que será mi único compañero para siempre.

jueves, 2 de noviembre de 2023

Mi estrella



No veo referencias.
No hay estrella que me guíe.

Alguien la destruyó 
con un gran martillo de plomo
antes de mi nacimiento.

Ni polvo quedó. 
Y el día de mi cumpleaños
desapareció del calendario.


sábado, 29 de julio de 2023

El fugitivo


En el hombro derecho tengo la huella de su nombre.

Lo busqué, 
no lo encontré.
Le pregunté dónde estaba,

y antes de irse me dijo que no había llegado todavía.

jueves, 27 de julio de 2023

El chico de la sombra de ciprés

 

El chico de la sombra de ciprés 

toca mi puerta a diario.

Yo la abro, pero no le dejo entrar.


Salgo corriendo y trepo hasta su copa,

donde el movimiento sufre de vértigo.

Cabeza abajo, me cuelgo cual murciélago.


Él me da la mano y me invita a sentarme,

entre sus finas ramas. 


Observo la soledad y el privilegio,

y siento miedo de mí misma.

Mis piernas tiemblan.


Y el chico de la sombra de ciprés sonríe,

con los ojos muy negros y muy fijos en los míos.


Pronto no habrá nadie al otro lado,

aunque él aún está.



viernes, 14 de julio de 2023

Animales Mecánicos


Un nuevo tipo de existencia humana.
Eso viste en el horizonte próximo
que empezaba en el siguiente paso de tu bota.

La comunión,
amor de venas de hilos eléctricos
conectado con lo más cercano y lo más lejano,
igualando las distancias.

Momento histórico terrible y consciente.
Conciencia que traspasa y no se detiene.

Entrenado en la especie de animal mecánico,
repitiendo sin sentir lo único de cada acto.
Un suicidio genocida.

Por casualidad o por lógica simple,
el sistema con camino en ruta fija,
convirtiendo el movimiento en materia estática

que viaja a toda velocidad,
como cucarachas recién descubiertas,
como escupitajo certero,
como cometas.





sábado, 8 de abril de 2023

La Belleza. No tengo más remedio que creer en Dios, porque me lo arrebatan.


Miro de frente al sol. 

Calma. Cansancio.

El viento siente mi piel. 

Ocupo en vano el gran espacio.


Mis ojos reflejan ventanas. 

Semblante serio aunque listo.

Árboles muertos que sanan.

La primavera precipita el sentido.


Aterrizaje forzoso, lo cotidiano.

Soledad respirando el vacío.

Nadie ni nada que lo soporte.

El espantoso grito de un niño.


Caemos, trepamos, ¿quién nos protege? 

Nos amamantó un asesino.

Pisamos el cuello del dios de trapo;

bajo nuestros pies estalla un crujido.


Amor que se arrebata de un plumazo.

Capricho del predecible destino.

Fábrica de honorable horror humano. 

Nombrar lo carente de sentido. 


¿Es acaso La Belleza casual?

El hombre del ocaso la vio.

Seguramente -dijo- pero,

¿por qué tiene la majestuosidad de un dios?


sábado, 18 de febrero de 2023

Fiebre

 La vida dura como las piedras,

un siempre que acabará algún día,

un incomprensible que a veces rueda,

cuesta abajo o en desliz, hacia arriba.


Tu garra, raíz en mi pecho,

cortar tu muñeca, suicidio indirecto,

porque ese pedazo de carne con hueso,

me pudre, no puedo sacarlo de dentro.


Pocas veces el dolor se me quita,

a día de hoy no puedo escaparme,

la herida ahonda profundo y debilita,

aunque solo sea un poco, ¿qué podrá calmarme?


Caminar en estado febril y alucinado,

tu recuerdo repetido obsesivamente,

solo el tiempo podrá curarme, malvado,

pesa y no pasa, lo siento, ¿lo sientes?


Cuándo se marchará tu sombra? 

Ni siquiera eres tú el que está,

conjetura indecente que asombra,

daño imaginario que no se va.

jueves, 1 de diciembre de 2022

a s. plath

 amar no es sinónimo de diluirse 

en una bocanada de humo gris que desaparece

esta vez, el proceso puede ser lento


enganchada, pez de colores, voluntariamente

a un arpón de jeringuilla, reluciente

nunca más

mejor que el corazón vuelva a romperse


tienes más que ver 

con  los que tocaron el cielo

pero acabas, la cabeza metida en el horno,

convertida en un pastel de cumpleaños


cambiarías el ver más allá, tu poder

tras el agujero de pared

donde habitan los dioses


secundaria nunca 

hasta en lo vulgar

bajita porque estás de rodillas


con pulseras que son cadenas

crees que brillan diamantes en tus muñecas

nunca nunca

y sin embargo se te olvidó algunas veces

viernes, 16 de septiembre de 2022

ARRIBA


Tengo la boca llena de arena, enterrada.

Me levanto costosamente.

Pesadez pegada a mis huesos y músculos.

Movimiento lento y fatigoso.


Sol abrazador y sed.

No me sé los puntos cardinales. 

Echo a suerte dados imaginarios.

Me marca el azar un destino.


Camino despacio, al ritmo que marca el tiempo.

Apenas veo, lo suficiente.

Hay demasiada luz, me deslumbra.

No sé donde voy, pero no importa.


Sola yo, el sol, la arena en mi boca,

y el ritmo que marca mis pasos.


domingo, 7 de agosto de 2022

Descaradamente superfluo

 

Cuando al fin había decidido enfrentarse al terrible halcón, enorme, cuya cabeza se asemejaba bastante a una víbora, se despertó, aunque no inmediatamente, pues en un principio el sonido del despertador había logrado introducirse en el sueño, de tal modo que, durante unos instantes, fue causa de engaño y se acopló perfectamente en este, provocando en el ave, inesperadamente, brutales y repetitivos alaridos. pero el efecto no tardó en convertirse en lo que en realidad era; un molesto sonido capaz de taladrar y despertar al sueño.

Así fue como este se desvaneció y Víctor se vio expulsado del bello y remoto escenario de sus hazañas. Abrió pesadamente los ojos y, cuando las imágenes se empezaron a estabilizar, vio que se encontraba en su confortable habitación. Acto seguido, se incorporó como de costumbre y se dirigió al aseo, esquivando en el camino varios harapos esparcidos por el suelo.

Cuando terminó de asearse, casi sin darse cuenta, se quedó parado frente al espejo, observándose fijamente. Una sensación tan abrumadora como desagradable lo envolvió. La verdad es que hacía ya bastante tiempo que no contemplaba su imagen; todos los días veía el resultado de su afeitado, se deshacía de algún pelo impertinente que desfavorecía la línea de sus cejas, pero en esos momentos simplemente observaba, sin razón aparente, el resultado de media vida.

Casi impulsado repentinamente, se dirigió de nuevo a la habitación, y se acercó al lecho donde yacía su esposa. A Víctor le causó aún más impresión que su propio aspecto el de aquella mujer desconocida, que parecía haber estado en esa cama y en esa misma posición durante toda su vida. Pero lo que de verdad llamó la atención del atónito espectador fue la expresión de aquella cara dibujada, de mueca, y por todo ello sintió gran aversión hacia la mujer que reposaba plácida y serenamente.

Como no estaba dispuesto a seguir allí ante tal espectáculo, y un poco temeroso por las extrañas reacciones que este le producía, se dirigió hacia la silla que estaba junto a la ventana en pos de un sitio que pudiera, quizás, ayudarle a soportar la carga de aquellos desequilibrados pensamientos.

La cordura que aún era mantenida fue esfumándose a medida que las ideas fluían dentro de su cabeza; pensó en la empresa de la cual era director, pensó en aquellas mujeres desconocidas a las que, de vez en cuando, acudía para calmar su deseo y que, a su vez, habían robado un poco de este en cada encuentro.

Mientras todas estas meditaciones se iban sucediendo, el día iba despertando de su letargo nocturno. Ni él mismo sabía cuánto tiempo había transcurrido cuando se dispuso a verstirse. Tras esto, cogió el maletín que, a diario, le acompañaba.

A medida que recorría las habitaciones que debía atravesar para abandonar de una vez aquel lugar, su atención era llamada por el curioso orden de todo lo que las ocupaba; tanto sillas, sillones, cuadros, así como pequeñas e inútiles figuras abstractas, parecían querer darle la espalda.

Dirigido por un impulso autómata, salió de casa, y mientras que su cabeza tomaba derroteros insospechados, caminó durante un par de horas, cambiando ligeramente su paso al cruzar alguna calle o al esquivar a algún viandante ya que, aunque en un principio la actividad humana en las calles era nula, dando a la ciudad un deplorable aspecto de maqueta gigante, transcurrido un tiempo, las aceras se vieron obligadas a esconderse bajo un tumulto de gentío y voces.

Decidido ya su destino, tomó un taxi, y enseguida llegó al aeropuerto; un impresionante edificio que Víctor visitaba a menudo. Pero en este caso todo era distinto. Al comprar el billete de salida, se decidió por el vuelo más próximo, y aunque la mujer que le atendió insistió en repetirle varias veces el destino para asegurarse de que era del agrado de aquel extraño individuo, éste no se percató de nada de lo que le pareció descaradamente superfluo.

Aún así, mientras se alejaba, decidió mirar con gran abnegación el lugar de aterrizaje en su billete, pero tan débil era la curiosidad por el destino que la información se disipó en cuanto el papel fue apartado de sus opacos ojos.

Como aún debía esperar algún tiempo antes de embarcar, se sentó en la pequeña fila de bancos acolchados que se encontraba a su derecha pero, nada más hacerlo, reparó en que no había probado bocado desde la tarde anterior, y sintió súbitas ansias de comer. Por suerte, la cafetería estaba a pocos metros del lugar en el que se encontraba; además, el sitio prometía ser más apacible o, por lo menos, evitaría el incómodo intercambio de miradas entre los ocupantes de los enfrentados bancos.

Al cabo de un rato, y cuando Víctor se disponía a salir del lugar para, de una vez, dirigirse hasta la puerta de acceso, puesto que en breve embarcarían, un sonido monótono y desagradable llamó su atención, aunque al principio este lograra camuflarse bajo el tumulto de voces de la cafetería. El sonido procedía de su maletín, y al abrir este, observó que su móvil era el causante de aquel insoportable ruido.

Cuando cogió el teléfono, todos los recuerdos de aquella mañana se desvanecieron. ¿Por qué estaba allí?, se dijo mientras un aluvión de preguntas caían sobre él. No supo dar explicaciones, pero encontró en aquella voz, que pertenecía a su mujer, un alivio para aquel desconcierto. Así fue como aquellos inútiles pensamientos se esfumaron de su cabeza.

Tan pronto salió del aturdimiento, recogió su maletín y, con la confusión de varios recuerdos que se agolpaban sin forma concisa ni sentido, se dirigió hacia casa, esta vez, con paso rápido y seguro.

Y de esta forma despertó de un extraño sueño en el que, por más que quisiera, no encontró jamás sentido.

martes, 19 de abril de 2022

Ariadna


 Las flechas van hacia abajo y son imperfectas.

Te agarras a sus bases, vas a toda velocidad.

Solo estás tú y las flechas.

Te apeas partiendo astillas y flotas.


Se te cierran los ojos con tantos sueños,

¿te mueves? Solo suspiras de vez en cuando,

una vuelta, una nueva postura. Inquieto.


Elegir, elegante y dispuesto, en la gran encrucijada. 

El acierto que te santificará.

¿Quién necesita decir sí?

¿Quién necesita saber algo más?


La duda, una parada cardiaca que lleva al enredo, 

la telaraña de cables de acero,

parece que se rompe de un soplido, pero cuidado,

bailas de cara a la galería, mientras luchas por salir de entre los barrotes.


El Imperio de las Opiniones.

Devoradoras, destructoras, monstruos que te hacen apartar la mirada,

utilizan el hilo de Ariadna para llevarte al Minotauro.

Pero ya no hay Minotauro. Los mortales tienen un nuevo capricho:


Solo son cajas vacías con miles de cepos a su alrededor.

sábado, 9 de abril de 2022

El león que me come las entrañas


 Has ido demasiado lejos.

Me has puesto en el centro, donde el león devora las entrañas.

No me lo esperaba. Así de repente, acción mecánica, como un reflejo. 


Te miro a los ojos, tras el jaque insípido de tu movimiento.

Sospecho. Tengo miedo. Cojo la espada de nuevo. 

No la agarro fuerte, pero por si acaso la llevo.


¿Las trampas forman parte de las reglas?

Sí; el asesinato forma parte de las reglas.

No me gustan estos juegos.


Los hay de todo tipo.

Quizás los más terribles sean esos que se hacen con casi ninguna intención,

como cuando apartas una mosca de tu cara.


Me haces sentir sola, el aforo lleno,

la gran expectación,

sin expectativa debido al cansancio y a la desilusión.


Tropiezo y me caigo. Me cuesta levantarme.

Lo hago de nuevo. Levantarme.

Las gradas gritan en una gran ovación.


Me falta adrenalina, eso me falta, me falta gana.

Camino arrastrando los pies, con los hombros hacia delante,

con la mirada en el suelo. Me pesa.


Camino hasta ti con gesto serio.

Estoy bajo tu ventana. Tiras la cuerda sin asomarte. ¿Para qué la cuerda ahora? 

Ya no es como antes, cuando cada subida era celebrada como un Acto Único.


Se me pasa por la cabeza meterla en ella y colgarme.

Demasiado ridículo, demasiado poco elegante.

La corto hasta donde llego. Se me caen los pantalones, tanto he adelgazado.


Me la ato de cabo a rabo a la cintura, para no tropezar con mis propias piernas.

Me marcho silbando algo en el camino.

Somos dos de nuevo: yo y mi sombra.

lunes, 24 de enero de 2022

Vagabundos del desprecio


Crees que podemos volar hacia arriba 

sin cansarnos, hasta llegar al cielo?


Arriesgarnos a no ser quienes pensamos,

desnudarnos del todo, herirnos, morirnos,

como esos sin derecho a tener sombra.

Los sintecho que en el fondo siempre fuimos.


Estamos malditos, 

 maldecidos, maldichos,

Un tartamudo nos puso nombre.


Crees que podemos querernos

en este mundo tecnológico,

nostálgico, esotérico?


Vagabundos del desprecio,

ese que viene de dentro, 

por qué? Quién lo decidió?

Creo que yo, no. Que tú, no.


Y aun así, a pesar de todo,

tanta señal que dice: sigue!

Gritos que a veces me despiertan,

el pleno sobresalto.


Fe corrupta, incorrecta,

venida a menos, pisada, 

descuartizada,

qué haces aún ahí?


Dejarme vivir, eso haces,

contra natura. Contra esto.

Diciendo nada en absoluto,

pero sosteniéndome.


Me levanto.

Escupo a un lado.

Oculto cualquier horizonte. 


Me voy sola, como siempre.

Sígueme si te atreves.



domingo, 23 de enero de 2022

Juntos

 

Sobrevolamos en escobas mecánicas

lugares masivamente religiosos. 

Nos lanzamos al vacío, creyendo juntos.


Contemplándonos

en espejos reptantes y filosos,

creando un espectrante y propio mundo.


Nuestras lenguas se entrelazan en un nudo.

La opción al separarnos:

arranquémonos, quedarnos mudos.


En fatal equilibrio,

apenas nos movemos,

estallamos detonando bombas de fogueo.


Lanzarnos brujerías, hechizos...

No hay beso que los haga reversibles,

encantados sin antídoto posible.


Quedarme casi ciega si te miro,

un peligro:

sacarte de las cuencas esos ojos tan bonitos,

 

colgármelos del cuello,

hacerte mi amuleto.

La tentación de usarte a mi capricho.

viernes, 6 de agosto de 2021

Género fluído

 Me tuve que arrancar el sexo a bocados,

para poder caminar,

para no quedarme inmóvil,

ante ataques determinantes.


Varias veces me atravesaron sus lanzas peniformes,

a punto estuvieron de matarme,

pero la suerte apostó por mí;

así gané el juego de la ruleta rusa.


Conseguisteis que mi pecho fuera plano,

que me creciera vello sobre los labios,

que mis andares fueran desgarbados.

Mis brazos como los de un mono. Para poner distancia.


Y ahora vuelvo a maquillarme,

y a sentirme femenina,

a veces uso tacones,

pero a menudo pienso en crímenes imaginarios.


En los que yo deshago a toda esa calaña,

en los que los destrozo hasta hacer vapor de sangre,

hasta que no queda nada de aquellas siluetas,

que de perfil en la entrepierna tienen la bala asesina.