Me citaste como un día más.
Nada hacía presagiar la noticia:
otra vez, la muerte.
Creí estar preparada,
pero no era más que mi fe:
entera, toda, dentro de mí, ardí.
Fui dando pasos torpes,
tras tu estela cada vez más débil.
Miraste atrás por un momento. Uno.
Comía de la basura
en los descensos de nuestro camino:
de mi persecución.
Recordé que una vez dijiste:
"Si quieres un hombre fiel, destrúyeme.
Si quieres que me vaya, respétame".
Aspirando aire de cigarrillo,
llenando los pulmones de veneno.
Sin saber de ti, solo imagino.
De un empujón caí del cielo.
Sin poder levantarme del suelo
desenvaino el puñal de mi corazón.
La estrella oculta me guía,
no es momento de desaparecer.
La escarcha me mantiene a flote.
Vuelvo a casa, pero ya no está.
Pongo unos cartones sobre el suelo.
Trago el elixir seductor del sueño.
Mañana quizás quiera despertarme
al escuchar tu coz.